Para los que no hayan tenido la experiencia de trabajar con cámaras más sofisticadas que las populares "point and shoot" es probable que otra opción aparte del formato JPEG para las imágenes no haya estado disponible, y si bien dicho formato provee resultados de calidad aceptable en la mayoría de los casos, es importante conocer sus características antes de hacer una comparación justa:
- En primer lugar, es un formato soportado por prácticamente cualquier programa o herramienta de visualización de imágenes.
- En muchos casos ofrece una calidad aceptable para su visualización/publicación/impresión inmediata.
- La imagen ya viene procesada por la cámara, con los debidos ajustes de contraste, brillo, saturación, rango dinámico, etc.
- Captura hasta 8 bits de información por color (RGB) para un total de 24 bits de profundidad de color (~16 millones de colores), lo cual se aproxima a la precisión del ojo humano promedio.
- La imagen capturada por el sensor es comprimida antes de ser almacenada como archivo, empleando algortimos que eliminan información de píxeles redundantes que según el criterio del procesador de la cámara no son relevantes para la imagen final. En esencia se agrupan los píxeles por bloques y se "promedia" la información (color y saturación) dentro de cada bloque para los píxeles designados como "poco relevantes". Todo esto resulta en un archivo relativamente "ligero".
- Muy bajo contraste, como un billete sacado de la lavadora.
- Muy poca definición en los detalles.
- ... Y en general una imagen que nos hace cuestionar el propósito de este formato más allá de cargar nuestra computadora con archivos excesivamente "pesados"...
Resulta ser así entonces, que la respuesta al "...To be (RAW), or not to be..." es en muchos casos circunstancial, dependiendo más que nada de la prontitud con la que se desee tener acceso al resultado final, restricciones de tiempo en general, o la carga de trabajo adicional que se esté dispuesto a asumir. Al final del día, lo mejor es entender las funcionalidades de cada uno, y así escoger el más adecuado para la ocasión, sin quitarle ningún mérito al que hace el "pit-stop" en el cafetín de la esquina, ni al que madruga para darse el gusto de una buena arepa casera.
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