jueves, 12 de abril de 2012

El arcoiris

No resulta fácil elaborar un razonamiento enteramente científico cuando nos enfrentamos a un fenómeno natural que evoca tal variedad de emociones, y afortunadamente para mi, las expectativas de esta entrada en el blog distan de un extracto de enciclopedia acerca de los detalles intrincados propios de un arcoiris. Es con tales libertades que se hace posible abordar términos como "maravilla visual" o "milagro de la naturaleza" cuando nos referimos a esa pincelada de tinte prismático que se levanta a lo lejos, un juego de espejos encerrado en diminutas gotas de agua, que alineadas una tras otra dibujan trazas de hermosos colores.

Es así pues, que ni la definición más romántica pudiera resultar demasiado rimbombante, porque al fin y al cabo ya alguien más se ha hecho cargo de descubrir la mecánica de los eventos involucrados, de explicar la refracción de la luz en la superficie de la gota de agua, el "quiebre" de las distintas longitudes de ondas a lo largo del pasaje de la luz por el medio acuoso, el rebote de los rayos en su interior; todos detalles de escasa importancia una vez que se entiende el suceso, y que sólo catapultan la mente de vuelta a su estado prehistórico, cautivada por el "¿qué?" y dejando de lado el "¿cómo?", y es que como científico es importante aprender que una explicación completamente racional nunca le resta magnificencia al diseño natural de lo que nos rodea, a esas pequeñas cosas que silencian la mente con su toque mágico , y que agitan lo más primigenio en nosotros, la propia fibra de polvo estelar que nos ata al todo y nos recuerda que no sabemos nada.

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